El rock nacional todavía tiene quien le cante: Divina Argentina y su gran noche en el Teatro Coliseo

septiembre 5, 2021
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La banda visitó el mítico escenario de Lomas de Zamora y agasajó al público con la presentación de su último disco y el repaso de los hits de toda su carrera.

Folclore, tango, ska, reggae, metal, cumbia, rap, pop, punk, trap, electrónica, alternativa, progresiva… con esas nomenclaturas alcanza para referirse a ritmos gestados y/o incorporados, difundidos, consumidos y resignificados en nuestro país. Pero, cuando se trata de rock argentino, agregamos un “nacional” inmediatamente después del género: un refuerzo identitario que el resto pareciera no necesitar o interesarse por alcanzar. Es que el rock nacional, al fin y al cabo, es eso: un lugar de pertenencia. Y, como todo espacio, está signado por el tiempo. Nuestra contemporaneidad es muy diferente a aquella que dio forma a las expresiones rockeras locales, momento histórico que como un esmerado alquimista que de materiales de descarte crea los más maravillosos metales, fue testigo y al mismo tiempo protagonista de la génesis de un movimiento sin igual (que, si ahondamos en esa palabra particular, veremos que lo doméstico tuvo en estas tierras una influencia a la altura de la extranjera -1971 fue el año de Nursery Crime de Genesis y, muy especialmente, de la canción homónima que abre La Biblia de Vox Dei).

El rock patrio moderno se debate entre los últimos estertores de lo que se llamó rock “chabón”, “barrial” o directamente “rollinga”, y la tradición de la nostalgia que atraviesa intrínsecamente a toda la industria cultural pero que en los últimos años se puso, paradójicamente, más de moda que nunca. En los intersticios de esas tensiones hay lugar o, mejor dicho, hay que hacerse un lugar: y vaya que Divina Argentina es una muestra de eso.

Caía la noche del 4 de septiembre como la fina pero persistente llovizna sobre el Conurbano Bonaerense y Divina Argentina saltó al escenario del mítico Teatro Coliseo de Lomas de Zamora preparado para la ocasión, con una cuidada puesta en escena que mixturaba barriles, fuegos literales y figurados y televisores rotos, bien rotos. A la formación habitual constituida por “Rody” Valcecchi en voz, los hermanos Pablo y Alejandro Álvarez en guitarras, Julio Ortiz en bajo, Matías Larrosa en batería y Esteban Cardamone en teclados, se sumaron en distintos momentos del show un nutrido grupo de músicos invitados: Sergio Colombo (vientos), Diego Serrano (teclados), Agustín Dangiolo (guitarra) y Cristian Iglesias (bajo). Y si nombramos a tantos artistas sobre las tablas, es porque en las butacas lo cuantitativo también iba de la mano con lo cualitativo: con un lleno total en el marco del cumplimiento de los protocolos sanitarios vigentes, el público de Divina Argentina dijo presente no sólo en el corte de tickets, sino también con la efusividad y alegría con la que acompañó cada momento del concierto. Saltos en los lugares, cantos a través de barbijos, arengas al divertido agite, miradas al cielo y brazos en alto a modo de plegaria pagana que exorciza tantos meses -¡casi años, en plural!- sin música en vivo en general y sin brindar con su banda preferida en particular.

Con tres discos de estudio –Cortando el misterio (2014), Entre sueños y castigos (2017) y En el oscuro galpón de los rezos (2019)- y varios sencillos editados -el último, Hijos del sol (2021), un homenaje al personal de salud-, a Divina Argentina no le tiembla el pulso para planificar y ejecutar a la perfección un espectáculo de dos horas ininterrumpidas. Fueron de la partida los temas “Ponte a rezar”, “En los cielos, tu rock”, “Ni las noches”, “Precipicio de los sueños”, “Amurallado”, “Llegaste”, “Momentos finos”, “Koszonom”, “El gran Ciro”, “Crónica de alcoholes”, “Hijos del sol”, “Colores en el cielo”, “17 días, un recuerdo”, “Miserable tu ambición”, “Barrio”, “El cielo es tu secreto”, “Ojos blancos y consuelos”, “Monopolio”, “Te sale a buscar”, “Migajas de placer”, “De sushi y merlot”, “Mi chica R&R”, “Mirando mi alma”, “Reventando trajes” y “Tu idiotez, mi dolor”.

Esa potente presencia de la lista de temas se ve reflejada en la justeza de las ejecuciones instrumentales, el despliegue escénico, el carisma del frontman y el diálogo constante con los cientos de seguidores que no dejan de corear en ningún momento: Divina Argentina demuestra que sigue siendo posible -y urgente- darle vida al rock nacional en nuestro tiempo. Quizás, y pensando en cómo continuar con esta dedicación que a esta altura se parece más a una gesta que a un entretenimiento, sería saludable el aggiornamento de ciertas letras y la inclusión en la formación, de forma estable o al menos esporádica, de artistas que no sean exclusivamente hombres. Sin duda alguna, continuando por este camino y con Divina Argentina como estandarte, el futuro de nuestro querido rock llegó hace rato.

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